Supongo que como cualquier persona, también padezco a veces, miedos completamente irracionales que perturban mi existencia.
Entre los millones de traumas y miedos sin sentido que se pasean periódicamente por mi cabecita loca, está el que me ataca cada vez que cierro la puerta de mi casa, - o cuando el vigilante de la unidad, dice buenas tardes, que le vaya bien y cierra la reja conmigo afuera (mucha burgués) - para ir a una cita. Es una perturbación de proporciones demenciales y consiste en pensar que voy a llegar tarde al sitio acordado, o que llegaré a tiempo – cosa que casi nunca pasa - pero todo el mundo se ha ido, o que llegaré al sitio que no es o que el lugar estará completamente vacío, si vacío,… con la bola rodante de heno y todo, etc.
Es una condición que afortunadamente ha ido disminuyendo con los años y espero que desaparezca algún día; aunque ahora que lo reparo, no me parece un miedo tan irracional (no explicaré los motivos…), lo irracional es que mi cabeza se vuelve un caldero de miles y a la vez ningún pensamientos que no tienen nada que ver con la situación, y pues, no se siente muy bonito…Pero como todo lo malo, tiene su lado bueno, debo decir que experimento el alivio más espectacular del mundo, al llegar al lugar y descubrir que la bola de heno, y el resto de situaciones descabelladas están y se quedarán en mi mente, porque hasta ahora nada de lo que me he imaginado ha pasado… (Casi nada).
Pues si, estoy corrida ¿y que?
Pero como este post no se trata de demostrarles cuan mentalmente desequilibrada estoy, ni que entiendan porqué a veces actúo de una manera tan anormal, ni mucho menos que conozcan mis traumas mentales, continuaré mi historia.
Debido a este miedo ilógico del que sufro, el primer día de clase, es para mí, una de las peores experiencias por las que tengo que pasar.
Entiéndase el primer día de clase, como el día que hay que volver a estudiar después de no haberlo hecho durante un tiempo considerable.
Entiéndase tiempo considerable, como un intervalo de tiempo de entre tres días hasta la semana de receso, vacaciones de diciembre, vacaciones de fin de año escolar (yo todavía estoy en el calendario B), festivos, entrega de notas de la institución, etc.
Entiéndase institución (este es el último lo juro, es que hay que especificar) como colegio, universidad, instituto, academia, escuela, el cursito de ingles, el de lectura rápida y sus derivados.
Entonces, hablando de los días del colegio, cada vez que no había clase durante un tiempo considerable, yo llamaba a mis amigas para preguntar, entre otras cosas si teníamos tareas para el día siguiente - no es que a mi se me olviden las cosas, pero hay que asegurarse -, y las conversaciones, virtuales o telefónicas, que generalmente eran a las 11 PM cuando, hubiesen o no tareas para el otro día, ya no había tiempo para hacerlas, terminaban con un “¡bueno!, hablamos mañana”.
Una mañana, probablemente un jueves, mientras seguramente TODOS mis compañeros de 11-2 y yo, nos encontrábamos calladitos como niños buenos en nuestro salón de clase, nos interrumpieron nuestra adorada clase de… cualquier materia porque ciertamente nos encantaban todas, para darnos una circular que nos informaba – muy a nuestro pesar - que el siguiente día (viernes) no habría clase.
…Esta bien, no mentiré, ni somos buenos, ni nos encantan todas las materias, ni estábamos callados, ni nos interrumpieron clase, porque estaríamos jugando a la lleva o comiéndonos el refrigerio sobrante – como TÍPICOS estudiantes de once grado - durante las dos últimas horas de clase de los jueves, o muy probablemente estaríamos viendo clase, pero eso si, callados, NUNCA. Lógicamente al saber esto, se nos hizo más llevadera el resto de la jornada pues podríamos descansar, además del fin de semana, otros dos días, hasta el siguiente lunes, es decir, sin contar la tarde de ese jueves, serian 4 días sin clase, lo que según lo escrito anteriormente, significa un tiempo considerable sin estudiar.
Ese jueves, llena de gozo, llegué a mi casa y dormí toda la tarde, pues no había que madrugar al día siguiente, y el fin de semana, realmente lo pase de maravilla… ¡está bien! No hice nada… … ¡está bien! No me acuerdo que hice, pero seguramente fue lo mismo, nada. Y el domingo, el día divinamente creado para descansar, pero en el que paradójicamente ningún estudiante descansa, porque ese día hace las tareas que no hizo en toda la semana (que viva Colombia carajo), ese domingo fue mas fatídico que cualquiera de sus 47 hermanos anuales, porque olvidé llamar a preguntar si había tareas, y porque después de tantos días sin clase ya me había acostumbrado, y no quería ir el lunes a ver educación física… y el resto de las materias; pero como yo al menos trato de ser una buena y responsable estudiante, me armé de valor para poner la alarma, organizar lo cuadernos, y me preparé mentalmente para madrugar y sudar cual pollo asado detrás de un balón de basketball a las 11 de la mañana.
5 A.m. suena el despertador mecánico. 5:30 A.M. suena el reloj biológico de Alejandra arias.
6 A.M. salgo a esperar el bus, Alameda o Azul Plateada ruta 1 que me llevara a mi segundo hogar. 6:40 de la mañana, mientras el bus pasa por las Canchas Panamericanas y yo miro por la ventana para ver a mis compañeros con la misma cara de dormidos que yo,… no veo a nadie, excepto a mi amiga laura, - si Laura, Lalu, Lala, ella, con la que compartí en el mismo salón mis seis años de bachillerato en el liceo departamental, si, laura, la que tiene una labradora chocolate que se llama Manuela, que si hombre Laura, la que duerme en clase, la misma que guardó un jugo de naranja por mas de un mes en su maletín (definitivamente tengo que contar esa historia*) si exacto, Laura** - pero que cosa mas extraña, iba caminando en el sentido opuesto del colegio, entonces me dije: “¡¡mi misma, bájese ya!!”, timbré, me bajé (obviamente el bus paró primero, no creo que tenga que aclarar), y una vez en el suelo llamé a mi compañera /hermana del alma.
- Lalu, ¿para dónde vas?
- Parce, yo creo que hoy no hay clase.
- ¡¿Qué?! ¿Cómo así? Nooo, vamos a preguntar.
No se por qué pero aquello de: colegio cerrado, dos palabras que te hacen feliz como tu Bon Yurt, no me resultaba tan feliz como en la propaganda, así que efectivamente fuimos a preguntar… yo acompañé a Laura a preguntar.
- ¿Qué le dijeron?
- Que disque en la circular decía que el viernes…………….. y el lunes, no había clase.
¿Se acuerdan que eran cuatro días sin clase?... yo tampoco me acordé y muy seguramente Laura tampoco, es más, ni siquiera leí la circular, yo solo escuché, como buena estudiante: el viernes no hay clase. [Escena borrada].
Entonces, si señoras y señores, compañeros y excompañeros, amigos de amigos, familiares, gente que quizás conozca, amigos en común, y niños de todas las edades, Ella, Laura, la misma que hace muñequitos con chicle y yo Alejandra Arias (de Depp), la misma que se boletea aqui, fuimos a estudiar… un día que no había clase.
Fue desconcertante ver como mi peor miedo irracional se materializaba, pero más desconcertante fue el hecho de que entre mas de 200 estudiantes me encontré a Laura, mi amiga, (y a otros, porque no señor, no fuimos la únicas, pero no divulgaré nombres porque ya fue suficiente con los nuestros), prueba ferviente de que nuestra amistad esta hecha, la una para la otra, y que tengo hermosas amigas que están igual de tostadas que yo. De todas maneras, esto no fue suficiente para evitar decirnos a nosotras mismas, ¡muchas idiotas! Y como no había de otra nos tocó devolvernos para nuestras respectivas casas, prometiéndonos mutuamente, nunca revelar el secreto. Lógicamente, esa misma tarde, nos aseguramos de que al siguiente día SI hubiera clase… - Laura se aseguró y luego yo la llamé - y como en nuestro grupo de amigas no desaprovechamos oportunidad para reírnos, el martes, muy a las 6:50 AM en el pasillo del Liceo Departamental habían 8 señoritas riéndose de sus dos despistadas amigas… aún hasta el sol de hoy no pierden oportunidad para reírse a costa nuestra y cada vez que los ánimos están un poquito bajos, siempre pueden recordar a Alejandra y a Laura para reírse un poco, porque como buenas colombianas no perdonamos cagada, puede ser el tropiezo más simple y desapercibido, o un huevo podrido en la cara de alguien, pero no olvidamos; por eso nos reímos tanto, porque siempre hay de quien acordarse, para burlársele a escondidas o en la cara, pero burlársele, así hayan pasado 3 o 6 años, así seamos nosotras mismas o el transeúnte mas desconocido de la tierra, así lo queramos o nos caiga mal, porque con risa la vida es más bonita, porque hay que reír para no llorar, porque hay que reírse de uno mismo, porque cuando vamos a llorar, siempre, óigase bien, mas bien LEASE bien, siempre terminamos riéndonos, porque las cosas buenas son mucho más que las malas. Por esto y por muchísimas razones llevo a mis amigas en el fondo del corazón.
Mientras tanto yo me río y digo con orgullo: fui a estudiar un día que no había clase… ¡y me encontré a una de mis mejores amigas! Y ahora tengo un miedo irracional menos que soportar en mi vida.
Pues si, estoy corrida ¿y que?...
* No, esta vez, el tarro de jugo podrido, NO explotó en mi cara.
** Lalu, no me mates!
PD: forever alone JAJAJAJAJA
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